|
Después de reconquistar
los Estados de la Iglesia, el Legado Pontificio Don Gil de
Albornoz, Arzobispo de Toledo y Cardenal Primado de España,
obtiene de Inocencio VII licencia para testar, y así lo hace
ante Notario Apostólico en Ancona - ya en el pontificado de
Urbano V - a 29 de septiembre de 1364. Con ese testamento
instituye por su heredero universal un Colegio de
estudiantes (scholarum) que manda construir en la
ciudad de Bolonia en un lugar digno próximo a los Estudios:
"la cual Casa, o Colegio, quiero que se llame Casa Española".
En los tres años escasos que le quedan de vida, mientras se
construye el Colegio, el Cardenal Albornoz dicta las
disposiciones por las que deberá regirse. El 23 de agosto de
1367, víspera de su muerte, agrega al testamento un codicilo
por el cual autoriza como propias las instrucciones dadas a
sus albaceas. Estos declaran el 12 de mayo de 1368 que
proceden a recoger en los Estatutos las últimas
disposiciones recibidas de viva voz del Cardenal. Con la
aprobación de Urbano V por Bula de 25 de septiembre de 1369
cobra plena personalidad jurídica el Colegio de España.
No conocemos esa primera
versión de los Estatutos, pues bien pronto Gregorio XI mandó
a uno de los redactores (El Obispo de Cuenca Don Alonso)
remediar sus erratas, oscuridades y deficiencias: así
corregidos, el mismo pontífice los promulgó el 20 de
noviembre de 1377. De cada treinta colegiales, dieciocho
deberían ser canonistas, ocho teólogos y cuatro médicos; a
falta de candidatos de estas disciplinas podrían concederse
las becas a estudiantes de cualesquiera otras. Designarlos
correspondía - y corresponde - al jefe de la casa de
Albornoz y a determinadas diócesis españolas; hoy administra
tales derechos de presentación la Junta de Patronato, que
atribuye las becas por Concurso Nacional de méritos.
El Colegio de España pasó
a llamarse Real el seis de enero de 1530, cuando
Carlos I de España y V de Alemania - pocos días antes de ser
coronado Emperador - le otorgó la Protección Regia por sí y
sus sucesores para mayor garantía del cumplimiento de los
fines fundacionales. Protección que, uno tras otro, han
renovado los sucesivos monarcas españoles hasta nuestros
días.
Hoy la fundación de Don
Gil es el único de los colegios universitarios medievales
que subsiste en la Europa continental. También puede
considerarse la más antigua institución española en
absoluto, pues como tal se creó y se llamó un siglo y medio
antes de la unión de los distintos reinos que integran
España. Naturalmente, su historia no está exenta de momentos
difíciles: en los tres últimos siglos ha padecido no pocos
intentos de usurpación y asaltos de desamortizadores varios,
pero siempre tuvo quien supiera defenderlo.
Pese a esas adversidades,
el Colegio conserva la mayor parte de sus propiedades
originarias, empezando por el edificio ideado por el propio
Don Gil, que hoy grandes estudiosos de la historia de la
arquitectura ven cual primer anuncio del Renacimiento. Se
mantiene exclusivamente con cargo al patrimonio que le legó
el Cardenal, sin recibir subvenciones ni ayudas de ninguna
especie.
Alberga unos dieciseis
becarios en régimen de absoluta gratuidad que cursan el
Doctorado en cualquiera de las Facultades de la
Universidad de Bolonia: no han de ser necesariamente
juristas, aunque así lo crea una opinión tan difundida como
equivocada. Y, normalmente, al término de sus estudios
acaparan los principales premios de esta Universidad. El
ejemplo de muy ilustres colegiales antiguos (San Pedro de
Arbués, Elio Antonio de Nebrija, Juan Ginés de Sepúlveda,
Antonio Agustín…) y modernos (demasiado abundantes para
mencionarlos aquí) quizá sea su mayor estímulo para dejar
siempre bien alto el nombre con que son conocidos: los
bolonios. |